Bay
Invitado

Una chorradita, por si alguien está aburrido

Dos‚ quizá tres segundos antes‚ sin duda le asaltó un pensamiento nuevo‚ un
mal olor y una leve sensación de extrañeza· Le dio tiempo a percatarse de
que era el preludio de la muerte· Lo sé porque su rostro parecía sorprendido
y asustado cuando mostraron su cuerpo en el velatorio· Por lo que pude
enterarme‚ le atrapó la muerte en un mal momento‚ justo cuando su nombre
comenzaba a hacerse notorio en la empresa donde trabajaba· Según rezaba la
corona de la viuda: “Caminaba hacia el despacho y su vida quedó suspendida
en una dimensión ignota.” Triste final y filosófico epitafio‚ pensé· El
cuerpo del difunto debió abandonarse a la inercia en plena calle·



La mujer de Carlos Gómez Cañizares (que según el libro de firmas‚ así se
llamaba el muerto) era una viuda desconcertada‚ de las que siempre me han
gustado· Tras sus grandes gafas oscuras se apreciaban unos rasgos
tremendamente bellos· Cuando la vi me alegré de haber faltado al trabajo y
haber acudido al tanatorio a curiosear· Solía hacer esto cuando el peso de
la realidad me abrumaba con su tictac‚ tictac· Me gustaba comprobar que al
menos alguien había dejado de percibirlo·



Pero aquel día encontré algo mejor· Un nuevo latido que no provenía del
exterior‚ sino de dentro de mí mismo· No era cadencioso‚ rítmico o
rutinario‚ como el paso de los días; sino truncado‚ frenético y desigual‚
tanto que se hacía imposible su confusión con el silencio· En resumen‚ era
algo que no se podía ignorar· Lo comprendí cuando cayó la noche y el
desasosiego se hizo insoportable· Llamé a mi jefe para comunicarle que había
empeorado y que probablemente seguiría en cama algunos días·



Al día siguiente me levanté con la presteza de un colegial· Me acicalé
cuanto pude y busqué un buen escondite para vigilar la casa en duelo· Al
poco salió ella‚ elegante y radiante· Su desconcierto era evidente· Parecía
un cervatillo escapado de un incendio· Pero disimulaba muy bien y se la veía
dispuesta a afrontar la situación con valentía· La seguí hasta el
cementerio·



La viuda no tuvo el mal gusto de ir vestida de negro al velatorio de la
víspera· Se reservó el fúnebre color para la duración estricta del entierro·
A las pocas horas ya estaba en la plaza de abastos ataviada de otros
colores‚ elegantemente sobrios‚ pero no sombríos· Compró lo que necesitaba
con gesto silencioso pero seguro‚ como quien no desea perder el tiempo‚ y se
alejó con dos o tres bolsas seguramente menos pesadas de lo habitual·
Intentaba seguir con su vida como si tal cosa· Supe entonces que su estado
emocional rayaba en el desvarío· Me aproveché de la situación y la abordé
bruscamente·



No me reconoció· Cosa normal‚ porque en los velorios y en los entierros‚ a
poco que hayan sido educados‚ los vivos procuran no darse mucho
protagonismo· Me tropecé con ella como por casualidad y me ofrecí a llevarle
las bolsas· Le dije que la conocía‚ y era verdad· Le dije que era amigo de
su marido‚ aunque aquello era mentira‚ a pesar de que aquel hombre me había
hecho un grandísimo favor y no se me ocurriría negarle la amistad a un
muerto tan generoso· Luego nos sentamos en la terraza de un café y le
aconsejé tomar un licor fuerte·



Al poco de conversación comprendí que acusaba una falta de consuelo
considerable· Me impresionó verla abrirse de una forma tan poética y
explícita al mismo tiempo‚ con la naturalidad de una flor desprendiendo su
rocío tras una noche de relente· Me contó que se veía sin fuerzas para
reanudar su trabajo· También me confesó que no era la primera vez que
enviudaba· Yo asentía comprensivo ocultando mi total ignorancia sobre estos
detalles‚ como si su marido y yo hubiéramos sido íntimos y lo concerniente a
sus vidas no me fuera desconocido· Ella no se comportaba precisamente como
un tahúr de póquer‚ por lo que pude colarle cuantos faroles me fueron
necesarios· Era tan vulnerable como la tensión superficial del agua en un
estanque· Sólo había que acercar un dedo para hender su tristeza y mojarse
en su causa· Después de escucharla le dije que la muerte no era más que un
lugar virginal que no había sido vencido hasta la fecha por las insistencias
de la ciencia· A partir de ahí se relajó y no me costó nada hacerla reír· Y
ya se sabe que ésa es la llave que abre todos los dormitorios de mujer·



Me comporté como quien soy‚ como un caballero legítimo· Aceptó encantada
casarse de raso pajizo· Por mi parte‚ hace ya seis meses que no falto al
trabajo· Me han propuesto un ascenso debido a mi inagotable esfuerzo y
motivación· Aparte del aumento de sueldo‚ el nuevo puesto conlleva la
posibilidad de usar el parking de directivos‚ ayuda de estudios para los
hijos‚ un seguro dental para toda la familia y otro de viudedad para mi
mujer‚ por si me ocurriera algo· Al contárselo a ella ha comentado que mi
camino hacia el despacho está a punto de alcanzar nuevas dimensiones· Yo veo
improbable que la empresa me ofrezca uno para mí solo‚ pero mi mujer asegura
que está próxima la hora del despacho e incluso que ella elegirá el tipo de
madera más conveniente· Luego se ha reído emocionada y nerviosa· Pobre
ilusa‚ jamás permitiré que decore el sitio en el que probablemente voy a
pasar más tiempo·









 

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